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3-12-2015 | Chile | Autor: Alvaro León

Cáñamo en Chile

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A mediados del siglo XV en pleno “descubrimiento y conquista”, sin ahondar en que ya estaban aquí los indígenas y que estas tierras existían antes de que los españoles llegaran acá, las tierras chilenas cobijaron generosamente al cáñamo. Estas eran ricas en nutrientes, el clima era el adecuado y se fusiona perfecto con la humedad y con toda la atmósfera que esta planta necesitaba para prosperar.

El valle central era un verdadero útero de naturaleza perfecto para el cáñamo y los distintos tipos de árboles frutales introducidos por los españoles. Así la agricultura era la mayor virtud de estas tierras.

En pleno siglo XVI el navegante genovés, Bautista Pastene, en Curacaví, cultivo el cáñamo con fines industriales, estableciendo una fábrica de frazadas y jarcias, la que decae hacia 1558.

El desarrollo de la capitanía general chilena estuvo, en gran parte, impulsada por la industria del cáñamo, alcanzando un rango tal de importancia en el desarrollo económico, que nos situaba como el mayor y mejor exportador de esta materia prima, la que al ser tan multifacética se convertía en un negocio económicamente rentable y sustentable.

27.300 quintales se exportaban a España en el clímax del cultivo del cáñamo, cerca del año 1645 aproximadamente, así lo señala José Bengoa en su libro “Historia social de la agricultura chilena”.

Para fines del siglo XVIII Chile se posiciona como principal productor de semillas y de velas para barcos del imperio español. Esto tras una campaña del rey en que regalaba terrenos vacíos con el fin de que se sembrara cáñamo y lino. Así también el decreto de libre comercio ampliado por él mismo, el que llegó a nuestras tierras en 1778.

Desde esa fecha hasta principios del siglo XX el cultivo de cáñamo tuvo altos y bajos. Era una muy buena fuente de trabajo, sin embargo las ideas y propuestas de su uso deben reinventarse constantemente para poder seguir siendo el principal exportador.

La calidad del cáñamo nacional era la mejor del mundo. Las condiciones atmosféricas y geográficas favorecen considerablemente las características del cultivo nacional, especialmente en la zona del Valle del Aconcagua. Donde la agricultura se concentraba mayormente en la siembra de cáñamo.

En la ciudad de Londres, nuestro cáñamo fue sometido a comparaciones contra los históricos productores de este material, los rusos y los españoles. Los primeros, por su gran extensión territorial euroasiática, tenían marcadas influencias de Asía, donde se encontraron los primeros vestigios del uso artesanal y medicinal del cáñamo, entonces, ellos llevaban siglos incluso milenios de experiencia en el cultivo de esta planta, por lo cual, poder tener un producto con una fuerza superior a la rusa, era un logro para nuestros precarios productores.

Nuestra economía se había destrozado con los efectos de la crisis económica de Estados Unidos de 1929, lo que provocó que a mediados del siglo XX el país del norte comenzó a tener influencia en las autoridades chilenas y en las formas en que se enfocan las políticas públicas, ya que ellos estaban bajo el mandato de leyes prohibicionistas, que sospechosamente comenzaron a tomar forma y cuerpo para instalarse en las legislaciones mundiales. Entonces, desde ahí, nace el valor negativo a esta planta de poder, tanto a nivel material como subliminal.

Sin embargo la historia se construye en el transcurso del tiempo, por lo que en la actualidad existen muchos movimientos, organizaciones y crece cada vez más la cultura cannabica, la que poco a poco se fortalece y busca, una vez más, posicionarse en la libertad y desarrollo de los potenciales y virtudes del cáñamo.

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